Lunes de
trabajo. Instrucciones de: pueden salir, pase lo que pase localizarnos a Nata
y/o Mario; si no funca el teléfono, el hospital queda a un par de cuadras por
esta calle, etc…
Yo en
Medicina Nuclear (sótano, sin recepción), veo un watsapp de media hora antes de
Cami: “Nata, fuimos a pasear y volvimos pero no podemos abrir la puerta”… y yo,
qué???? Pero cómo?? Mis enanas, se me van a congelar afuera de la casa, pucha,
cuánto me queda? Una media hora antes de salir… ojalá se les ocurra algo y no
se queden ahí afuera, pensaba… pero no puede ser, si probamos las copias de las
llaves y funcionaban, pero cómo¡¡?¡?... y en eso, me avisa Trini, la limpiadora
del hospital, que me buscan, y ahí estaban las dos!! Ufff, qué bien! ¿y cómo lograron llegar hasta aquí? Si hasta
los pacientes se pierden todo el tiempo, en fin… mis compañeros impresionados y
riendo mientras ellas nos contaban sus aventuras y yo ya recogiendo mis cosas
para irnos. Decidimos irnos en bici porque tenía una extra en el hospital y me
llevé también la de Mario. Es un cajoncito metálico grande, una jaula de las
bicis donde quienes trabajamos, pasamos nuestra tarjeta y se abre la puerta.
Lógico q entre probarlas, bajarles los asientos, ponerle las lucesitas y sacar
las 3 bicis, llegó el guardia con cara de sospecha. Le di mi nombre, le mostré
la credencial de que trabajo aquí y partimos las 3, jugando al monito mayor. Paramos
en la casa y después fuimos a pasear al centro de la ciudad, conocer la catedral
y las tiendas que estaban ya cerrando (eran justo las 9). Al salir les dije:
podemos ir pero psicopáticamente rápido pa alcanzar a llegar a una tienda antes
de q cierren, y lo logramos! Volvimos más tarde a comer unas hamburguesas
medias crudas, unas croquetas medias secas y una lechuguita rica con limón.
Buenas noches!
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