Despertar
dificultosamente y darse cuenta q quedan 5 minutos de desayuno. Ropa, zapatos y
estar completamente dormidos en el comedor del hotel. La señora nos empieza a
ofrecer café en inglés, después de haberlo intentado en castellano sin
resultados mientras estábamos los 4 con la mirada perdida, aún en la fase de
sueño REM, hasta que alguien reaccionó, creo que fue la Pame… después en el
metro, Cami durmiendo y los demás casi, hasta que nos bajamos. Visita guiada a
la Sagrada Familia. ¡Qué espectacular! Y según la guía estará terminado el año
2026, fecha en que obligatoriamente tendremos que volver a venir. Bueno, tal
vez se puede volver antes también, ¿no?, pero ese año seguro. Después en Plaza
de España se nos unió Woody Allen, con quien paseamos por el Parque Montjuic,
estadio olímpico y la Barceloneta.
Aunque lo
más destacable de ese día 25 de diciembre fue… a eso de las 4-5pm, cuando el
mundo se paralizó ante nosotros. Caminábamos por las calles sin tener que
desviarnos para cruzarlas, sin tener que parar en los semáforos, sin escuchar
nada más que nuestros pasos. Avanzábamos sin prisa, despreocupados, sin ningún
lugar al que tener que llegar ni obligaciones que tener que cumplir. Sólo
caminábamos moviendo las hojas amarillas caídas de los árboles por las
distintas calles, de la gran ciudad, de la extinguida gran ciudad. El tiempo
había dejado de transcurrir y no había realmente ningún ruido que interrumpiera
el de nuestros pasos y conversaciones. Ni un solo auto, ni una sola persona;
Barcelona muerta ante nosotros, como si hubiera estallado una bomba atómica el
día antes y no quedara vida alguna sobre la tierra, a excepción de nosotros. Caminamos
tal vez 2 horas o quizás 2 días, no lo sé; no hubo como saberlo porque en esos
momentos el tiempo no trancurrió.
Al
anochecer Cami rompió el hechizo y la vida volvió a surgir. La gente otra vez
estaba, como si alguien la hubiera vuelto a poner. Autos, ruido, luces, risas,
vida otra vez en la gran ciudad, como normalmente. Y esa sensación se extinguía
instantáneamente, y la vida seguía sin haber hecho ese extraño, fascinante e
inquietante paréntesis.
Destacamos
nuestra última comida barcelonesca en una parrillada! (imagínense la cara de
felicidad de Mario comiendo pancito con pebre y después entrañas, qué
descubrimiento de lugar) antes que el cansancio nos obligara a retornar al
hotel, no sin antes hacer el ridículo una última vez, en el paradero y en la
micro, porque sino sería muy aburrido. Caí muerta antes incluso que volviera la
Cami de la ducha.
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